Santiago del Estero. Cierre de campaña invernal
Relevamiento de mayo a noviembre

Superficie y Producción
En la campaña 2024/25, la producción de trigo se ubicó en torno a las 444 mil toneladas, lo que representó un incremento intercampaña del 34%. De este modo, se posicionó como la tercera mayor producción registrada, solo por detrás de la campaña récord 2018/19. Este resultado estuvo explicado principalmente por el aumento del área sembrada, que alcanzó las 339.700 hectáreas y se constituyó como la mayor de las últimas tres campañas. A nivel departamental, General Taboada concentró el 47% de la superficie implantada y Belgrano el 20%, por lo que, en conjunto, ambos departamentos reunieron cerca de dos tercios del área total sembrada. En línea con ello, las mayores producciones se registraron en General Taboada, Belgrano y Moreno.
En garbanzo, la producción fue de 54 mil toneladas, constituyéndose como la más alta desde que la BCCBA lleva registros. Al igual que en trigo, este desempeño estuvo asociado a una expansión del área sembrada, que rozó las 55 mil hectáreas y también marcó un récord histórico para la serie relevada por la entidad. Los mayores volúmenes obtenidos se registraron en Moreno, con 16 mil toneladas, y en General Taboada, con casi 9 mil toneladas. En cuanto a la distribución del área implantada, Moreno concentró el 25% de la superficie total y Pellegrini el 17%, por lo que ambos departamentos explicaron en conjunto más del 40% del área sembrada provincial.
Para la estimación del área sembrada mediante teledetección, se emplearon un total de 1.000 imágenes satelitales provistas por la NASA y la ESA, correspondientes al satélite Sentinel-2, adquiridas entre los meses de julio y octubre. Asimismo, se relevaron aproximadamente 1.000 puntos georreferenciados en campo para la validación de la información.
El procesamiento y análisis de los datos fueron realizados en su totalidad por el equipo técnico del Departamento de Información Agronómica de la BCCBA.

Fuente: Departamento de Información Agronómica – Bolsa de Cereales de Córdoba 
Fuente: Departamento de Información Agronómica – Bolsa de Cereales de Córdoba
La superficie perdida representó alrededor del 3% del área sembrada en ambos cultivos. En trigo, esta pérdida alcanzó unas 7 mil hectáreas, uno de los valores más bajos de las últimas cinco campañas, mientras que en garbanzo fue de aproximadamente 1.700 hectáreas, constituyendo el registro más bajo de los últimos tres años. Las principales causas de pérdida fueron la sequía y las heladas. Además, en trigo, unas 122 mil hectáreas, equivalentes al 36% del área total, se destinaron a cobertura, alcanzando el valor más alto registrado históricamente.
Rendimiento
En trigo, el rendimiento ponderado provincial se ubicó en 21 qq/ha. Los mayores rindes se registraron en los departamentos de Río Hondo y Pellegrini, con 78 qq/ha y 65 qq/ha, respectivamente. En contraste, los valores más bajos se registraron en la zona sudeste de la provincia: en Belgrano y Aguirre, el promedio se ubicó en torno a los 15 qq/ha, mientras que en Rivadavia y Ojo de Agua fue levemente superior, alcanzando aproximadamente los 16 qq/ha. A pesar de las escasas precipitaciones registradas durante el ciclo del cultivo, el trigo mostró un buen desempeño general. En este sentido, los rindes estuvieron estrechamente asociados al contenido de agua útil en el perfil al momento de la siembra. Las diferencias entre zonas respondieron, en gran medida, a la distribución de las lluvias ocurridas hacia fines de marzo, que permitió en algunos sectores contar con mejores reservas hídricas iniciales, mientras que en otros esa recarga fue más limitada.
En garbanzo, el rendimiento promedio fue de 10 qq/ha. Si bien este valor superó al registrado en la campaña previa, no logró ubicarse por encima del promedio histórico.

Fuente: Departamento de Información Agronómica – Bolsa de Cereales de Córdoba

ACCESO A TABLERO DE ESTADÍSTICAS DE CULTIVOS POR CAMPAÑA – BCCBA
LINK: https://www.bccba.org.ar/estadisticas-de-cultivos/
Motivos de siembra
En ambos cultivos, la humedad inicial del perfil fue el principal factor al momento de definir la siembra, seguida por aspectos vinculados al precio y la rentabilidad esperada. Las precipitaciones registradas entre marzo y abril permitieron una mejor recarga hídrica en buena parte de la provincia, por lo que hacía mayo ya se observaba el inicio de las labores de siembra. En trigo, la decisión de siembra también estuvo asociada a la necesidad de sostener la rotación con una gramínea y generar cobertura, en un contexto en el que la variable económica también tuvo peso, dado que la relación entre precios, costos y derechos de exportación condicionó la rentabilidad esperada del cultivo, de acuerdo con el Centro de Investigación en Economía y Prospectiva del INTA. En garbanzo, en tanto, la implantación respondió principalmente al aprovechamiento del agua acumulada en el perfil y a su aporte dentro de esquemas de diversificación, en el marco de un cultivo con inserción exportadora, según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

Ciclo del cultivo
La campaña de trigo y garbanzo comenzó con un escenario relativamente favorable para la siembra, ya que las precipitaciones registradas entre marzo y abril permitieron recargar, en distinta medida, las reservas de humedad en el perfil y dieron lugar al inicio de la siembra durante mayo. En sus primeras etapas, ambos cultivos presentaron una condición general aceptable, aunque ya desde junio comenzaron a advertirse signos de estrés en aquellos sectores donde las lluvias resultaron más limitadas y las temperaturas se mantuvieron elevadas.
Durante julio, continuaron transitando la fase vegetativa, pero el déficit hídrico empezó a hacerse más evidente. En trigo, esta situación se combinó además con las heladas ocurridas en la zona, que acentuaron el deterioro de algunos lotes. En garbanzo, si bien también se registraron efectos por bajas temperaturas, en general los daños fueron leves. A medida que avanzó el invierno, se hizo cada vez más claro que la evolución de ambos cultivos dependería de la posibilidad de recibir nuevas precipitaciones.
En agosto, ya con los cultivos ingresando en su período crítico, la falta de agua y las elevadas temperaturas pasaron a condicionar de manera más marcada su estado y sus perspectivas productivas. En trigo, la ausencia de precipitaciones puso en duda el destino final de los lotes sembrados para grano, abriendo la posibilidad de dejarlos como cobertura por mal estado. También se observaron diferencias entre lotes según su antecesor, siendo en general más favorecidos aquellos que contaban con una mejor disponibilidad inicial de agua en el perfil. En garbanzo, el estrés hídrico y térmico también comenzó a reflejarse con mayor claridad a medida que el cultivo avanzaba hacia la etapa reproductiva.
Durante septiembre, atravesaron la fase de definición de rendimiento en un contexto aún restrictivo desde el punto de vista ambiental. La persistencia del déficit hídrico, sumada a las altas temperaturas y a los efectos acumulados de las heladas, fue limitando el potencial de ambos cultivos. Finalmente, hacia octubre, con el avance de la cosecha, esas condiciones terminaron de reflejarse en los resultados productivos observados al cierre de la campaña.

Sanidad
Desde el punto de vista sanitario, el ciclo se caracterizó por una presión de plagas entre baja y moderada, sin reportes que indiquen problemas generalizados de alta intensidad. En trigo, durante las primeras etapas se observó gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), pulgón negro (Rhopalosiphum padi) y arañuela (Tetranychus sp.), en todos los casos con baja incidencia. Hacia etapas más avanzadas del cultivo, la presencia de pulgones verdes (Schizaphis graminum) alcanzó una incidencia media, mientras que la arañuela negra (Petrobia latens) mantuvo una presencia reducida. Ya hacia el final del ciclo, en trigo solo se reportó baja presencia de arañuela negra.
En garbanzo, la situación sanitaria también se mantuvo sin eventos de fuerte impacto, aunque se registró presencia de oruga bolillera (Helicoverpa gelotopoeon) en baja incidencia durante el desarrollo del cultivo. Hacia el cierre del ciclo se reportó además la presencia de oruga medidora (Rachiplusia nu).
Contexto climático
Según la información del satélite GPM, la campaña estuvo atravesada por una disponibilidad hídrica ajustada y una marcada irregularidad en la distribución de las precipitaciones. Si bien se registraron lluvias durante buena parte del ciclo, en general los acumulados resultaron insuficientes para alcanzar o sostener valores acordes al promedio histórico, particularmente entre mayo y julio. Esta dinámica limitó la recarga de los perfiles y condicionó la evolución de los cultivos en amplios sectores de la provincia.
Hacia la segunda parte de la campaña, las precipitaciones mostraron una mejora relativa en algunos departamentos, con registros cercanos e incluso superiores a los valores normales en zonas puntuales. Sin embargo, esa recuperación no fue homogénea y persistieron áreas con déficit, especialmente en sectores del centro provincial. Recién hacia octubre se observó una recomposición más generalizada de la oferta hídrica, aunque para entonces buena parte de la definición productiva de la campaña ya se encontraba determinada.

Los acumulados de agua en la capa arable durante abril favorecieron el inicio de la siembra de trigo y garbanzo en Santiago del Estero durante mayo. En abril, los niveles más altos se registraron en el noroeste y sudeste de la provincia, mientras que en el centro los valores fueron menores. Durante mayo, la humedad superficial se mantuvo moderada en gran parte del área, con el noreste más limitado y el sudeste más favorable, lo que permitió un avance sostenido de las labores de implantación.
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