Informe Final – Córdoba – Trigo 2024/25

INFORME AGRONOMICO |

Córdoba. Cierre de campaña de trigo 2024/25

Con una superficie en expansión y una mejora interanual en los rendimientos, la campaña 2024/25 de trigo en Córdoba alcanzó el mayor volumen de las últimas tres campañas. No obstante, la sequía invernal y el estrés térmico durante el período crítico condicionaron el resultado final y generaron marcadas diferencias regionales.

Producción

En la campaña 2024/25, la producción de trigo pan en la provincia de Córdoba alcanzó las 2,7 millones de toneladas, lo que representa un incremento interanual del 75%. Este aumento se debe principalmente a una mayor superficie sembrada y cosechada, así como a una mejora en los rendimientos respecto a la campaña anterior.

Considerando únicamente los valores en secano, el rendimiento ponderado provincial fue de 24,8 qq/ha. Por su parte, los rendimientos de trigo bajo riego destacaron con un promedio de 53,7 qq/ha a nivel provincial.

El volumen de producción estimado es el más alto de las últimas tres campañas, superando en más de un millón de toneladas a la de la campaña 2023/24 y duplica ampliamente el volumen obtenido en 2022/23.

En términos departamentales la mayor parte de la producción se obtuvo en aquellos ubicados al este de la provincia, es decir, en San Justo, Unión y Marcos Juárez. Estos tres departamentos participaron con el 49% del volumen total producido, dado que ocuparon el 44% del área triguera.

Superficie

La decisión de siembra de trigo estuvo influenciada principalmente por la humedad inicial del perfil del suelo, seguida del pronóstico climático y la rentabilidad esperada del cultivo. En ese sentido, las abundantes precipitaciones de abril, que superaron el promedio histórico en prácticamente todos los departamentos de la provincia, mejoraron significativamente la disponibilidad de humedad en el suelo respecto a marzo, impulsando el aumento en la intención de siembra. A pesar de estas condiciones, varios colaboradores reportaron que los márgenes económicos del cultivo no resultaban atractivos debido al elevado costo de los insumos, lo que limitó una mayor expansión del área sembrada.

Otro factor clave en la decisión de siembra fue la rotación de cultivos. Frente al contexto sanitario de la campaña estival 2023/24 marcado por la presencia del complejo de achaparramiento muchos productores optaron por una secuencia trigo-soja en reemplazo del maíz, buscando minimizar riesgos y mejorar la estabilidad productiva. Además, un aspecto mencionado con frecuencia fue la necesidad financiera tras una campaña de maíz complicada, ya que el trigo permite disponer de capital a corto plazo con su cosecha, ayudando a aliviar restricciones económicas.

Según los datos obtenidos mediante teledetección, en la campaña 2024/25 se sembraron 1,2 millones de hectáreas de trigo en la provincia. Esto representa un incremento del 26% en comparación con la campaña anterior y un 16% por encima del promedio histórico provincial (2007-2023).

Del total de la superficie sembrada, un 11% fue destinado a cultivo de cobertura, proporción que fue aumentando progresivamente con el avance de la campaña debido a la escasez de precipitaciones. En cuanto a las pérdidas, se estima que un 5% de la superficie no pudo ser cosechada debido a condiciones climáticas adversas que afectaron irreversiblemente el cultivo. Este porcentaje es notablemente inferior al registrado en las dos campañas anteriores. Finalmente, el área efectivamente cosechada superó el millón de hectáreas, lo que representa un incremento del 36% respecto a la campaña anterior.

Rendimiento

El rendimiento promedio ponderado en secano y riego para la campaña fue de 25,8 qq/ha, lo que representa un incremento del 28% respecto al año anterior y se mantiene en línea con el promedio histórico (2007-2023). Además, es el valor más alto registrado en las últimas tres campañas del cereal en la provincia.

Los mayores rendimientos se obtuvieron en los departamentos Marcos Juárez y Unión, con promedios de 34 y 31 qq/ha, respectivamente. En contraste, el menor rendimiento se registró en el departamento de Capital, con un promedio estimado de 15 qq/ha. En las regiones con los menores rindes, como los departamentos de la región centro, los referentes coinciden en que las lluvias de octubre llegaron demasiado tarde, cuando el cultivo ya había atravesado su período crítico.

Ciclo del cultivo

La siembra de trigo en Córdoba comenzó en mayo y finalizó en julio, con precipitaciones que, en la mayoría de los departamentos, se ubicaron por encima del promedio histórico (2007-2023) de dicho período. Los mayores acumulados se registraron en abril y este aporte de agua favoreció una buena disponibilidad de humedad en el perfil del suelo, incentivando la siembra del cereal y permitiendo un avance a ritmo levemente superior al promedio histórico (2014-2024). En junio, la siembra alcanzó más del 80% del área proyectada, con técnicos y productores destacando una implantación satisfactoria gracias a la humedad inicial en la capa arable.

El cultivo comenzó su ciclo con un 90 % de la superficie con un estado general entre bueno y excelente. Sin embargo, a partir de julio, las condiciones climáticas comenzaron a volverse desfavorables y esa proporción fue disminuyendo con el transcurso de los meses. Las precipitaciones fueron escasas y se ubicaron por debajo del promedio histórico entre julio y septiembre, lo que, junto con la ocurrencia de heladas frecuentes e intensas entre junio y agosto, comenzó a generar síntomas de estrés en los cultivos. Para fines de julio, muchos lotes ya evidenciaban signos de sequía y daño por frío, mientras que en agosto la falta de lluvias llevó a un agotamiento progresivo del agua útil en el perfil del suelo. Este deterioro, sumado a la presencia de plagas y enfermedades se reflejó en la condición del cultivo, y la proporción de lotes en estado regular y malo hacia fines de septiembre triplicaba a la de julio.

El período crítico para la definición del rendimiento, que abarcó desde fines de agosto hasta octubre, se desarrolló bajo condiciones de estrés hídrico severo debido a la ausencia de reservas de agua en el perfil, combinado con estrés térmico por bajas temperaturas.

Recién en octubre se registraron precipitaciones abundantes que superaron el promedio histórico en toda la provincia. Si bien estas lluvias aliviaron parcialmente la situación, para gran parte del trigo llegaron tarde, ya que los cultivos se encontraban en estadios fenológicos avanzados. A pesar de la mejora en la disponibilidad de agua, la proporción de hectáreas en estado regular y malo continuó en aumento.

Para analizar la falta de agua puede utilizarse el Índice de Precipitación Estandarizado (SPI, por sus siglas en inglés). Este índice cuantifica específicamente la intensidad de la sequía meteorológica o el déficit de precipitación, comparando el total de precipitación para el periodo elegido con la distribución histórica de precipitación para ese intervalo. Los valores de SPI son el número de desvíos estándar en que la lluvia observada difiere del valor medio de precipitación para la escala temporal seleccionada. Los valores positivos/negativos indican que la precipitación es mayor/menor que la mediana.

En los siguientes mapas puede observarse la evolución del SPI a lo largo del ciclo del cultivo y, en particular, la extrema sequía que tuvo lugar durante julio y septiembre de 2024, período durante el cual el trigo atravesó parte de su período crítico de definición de rendimientos. En el primer mapa, correspondiente al trimestre julio-agosto-septiembre, se observa un SPI negativo en casi toda la provincia, con valores inferiores a -1.5 en la mayor parte del territorio, indicando condiciones de sequía severa a extrema. Esta situación coincidió con el estrés hídrico observado en los cultivos y la marcada disminución en la proporción de lotes en estado bueno a excelente.

Con la llegada de las precipitaciones en octubre, el SPI mostró un cambio significativo. En el segundo mapa, correspondiente al trimestre agosto-septiembre-octubre, se observa una recuperación parcial en varias zonas de la provincia, con valores de SPI que indican condiciones moderadamente húmedas en algunas regiones, especialmente en el centro de la provincia. Sin embargo, en gran parte del área agrícola los valores del índice se mantuvieron dentro de rangos de sequía leve a moderada, reflejando que las lluvias no fueron suficientes para revertir completamente el déficit hídrico acumulado durante los meses previos.

El análisis de las precipitaciones acumuladas por departamento entre el 15 de agosto y el 15 de octubre permite comprender mejor la evolución del SPI. En el mapa de promedios departamentales de lluvia se observa que las precipitaciones más abundantes (superiores a 120 mm) se registraron en el centro-oeste y sudeste de la provincia, con valores máximos de hasta 143 mm. Estas áreas muestran una recuperación más marcada en el SPI, lo que indica que las lluvias lograron mitigar parcialmente la sequía. Sin embargo, en los departamentos del noreste y centro-norte los acumulados oscilaron entre 40 y 90 mm, lo que explica por qué en esas zonas el SPI se mantuvo en valores negativos. En consecuencia, la falta de lluvias en ciertas áreas clave para la producción agrícola agravó el estrés en los cultivos, afectando el rendimiento final. Para más información sobre el SPI visite: https://sissa.crc-sas.org/monitoreo/precipitacion-estimada-por-satelite/

En cuanto a la labor de cosecha, inició en línea con el valor promedio para aumentar su ritmo en diciembre debido a que las altas temperaturas ayudaron a que disminuya más rápido la humedad en grano.

Sanidad

A lo largo del ciclo del cultivo, diversas plagas y enfermedades impactaron su desarrollo en distintos momentos. En las primeras etapas vegetativas, se registraron ataques de pulgón verde de los cereales (Schizaphis graminum). Durante el período crítico, que coincidió con una marcada escasez hídrica y frecuentes heladas, la presión de plagas aumentó considerablemente. Las condiciones de sequía favorecieron la proliferación de arañuela roja y negra (Tetranychus sp.) y un incremento en la incidencia del pulgón verde. En este período también se reportaron casos de enfermedad foliar mancha amarilla (Pyrenophora tritici-repentis). Hacia el final del ciclo se observó la presencia de ácaro negro (Penthaleus major), mientras que la humedad residual de las lluvias favoreció el desarrollo de roya anaranjada (Puccinia triticina) y roya amarilla del trigo (Puccinia striiformis).

Contexto económico

El precio FOB a cosecha para la campaña 2024/25 se posicionó en USD 260 por tonelada, aumentando un 5% respecto al precio de la campaña 2023/24. Por su parte, el precio disponible del trigo en Rosario para la campaña 2024/25 se posicionó como el menor de los últimos cinco ciclos. El mismo se estableció en USD 192 por tonelada, un 28% menos que el precio de la campaña 2023/24, que se situó en USD 269 por tonelada.

El precio FOB a cosecha en conjunto con la producción determina el valor bruto de la producción, que indica la cantidad de divisas que se obtendría si se vendiera la totalidad de la producción en el mes de cosecha. De esta manera, en la campaña 2024/25 se ubicaría en USD 600 millones, un 59% por encima del valor del ciclo previo, y prácticamente en línea con el promedio histórico. Esta mejora se debe tanto a un incremento de la producción como del precio.

Por otro lado, considerando el precio disponible del cereal y la producción, se puede calcular el ingreso bruto de los productores, que indican los ingresos que se distribuyen entre los que intervienen en el proceso desde la producción a la exportación, es decir, productores, contratistas, rentistas, fletes y gastos de comercialización. Para la campaña2024/25 el ingreso fue de USD 443 millones, un 8% mayor al obtenido en el ciclo 2023/24.

 

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